jueves, 18 de julio de 2013

Historia de Amor

Me encuentro sentado, en una silla dentro del recinto de un bar, esperando a que llegue cierta persona de mi pasado. Después de unos largos minutos esperando, largos ellos como si de horas se tratase, aparece por la puerta esa persona. Irradia un aura de belleza y dulzura, quizás, eso fue lo que me llamo la atención, en el pasado, de ella. Yo sentado en mi silla mirándola, ella en la puerta examinando todas las mesas del bar, me encuentra, accidentalmente nuestras miradas se cruzan y ambos descendemos nuestros ojos hacia el suelo. 

Comienza a andar aproximándose a mi posición, vuelven a cruzarse nuestras miradas, me recuerdan a aquellas miradas que nos echábamos en el pasado, pero son demasiado distintas; ninguno puede mantener la mirada en el otro, por lo que ambos volvemos a descender nuestros ojos hacia el suelo. Ambos sabemos que una mirada dirá siempre mucho mas que unas simples palabras. Ella, por fin, llega a la mesa; alcanzo a escuchar mi nombre deslizándose entre sus labios a modo de pregunta certera, le confirmo mi identidad. A ambos nos da un vuelco el corazón, ambos sabemos lo que hubo entre nosotros. Llega el camarero y como si de un teatro se tratase ambos a coro pedimos una infusión relajante, nos ruborizamos y descendemos las miradas. 

Ninguno puede apartar la mirada de su parte de mesa, algunas veces de modo furtivo, alcanzo a verla y contemplarla en una fugaz mirada, si, es ella. Demasiado fuimos juntos en el pasado, ¿Y ahora?. 

El tiempo pasa despacio y de lento caminar, ninguno puede levantar la mirada de su taza. Tantas conversaciones posibles imagino mi mente, ¿Y ahora? ¿Porque ni una palabra sale de mi boca?. Tanto deseo hablar con ella, saber de ella y soñar nuevamente con ella, que a la vez temo hablar y estropear, saber y desilusionar, soñar y despertar. Ella siente lo mismo, aunque yo no lo sabia. 

Por fin, ambos a la vez levantamos las miradas y mantenemos nuestros ojos en los del otro. Nos perdemos en nuestros propios sueños compartidos, en el feliz pasado vivido. Pero nadie es capaz de abrir los labios y pronunciar palabras. Nos terminamos las infusiones y descendemos nuevamente nuestras miradas. Nos levantamos de los asientos del silencioso bar, nos aproximamos y nos fundimos en un abrazo como los de antaño, tan fuerte que nunca nos podríamos separar. El tiempo nos separa ese abrazo fundido, nos miramos a los ojos, sonreímos, y nos ponemos de camino hacia la puerta.

Una vez fuera del bar, el mundo parece no fluir, no avanzar. Con fuerzas suficientes nos miramos a los ojos y nos volvemos a fundir en un único ser mediante un abrazo sin igual. Nos separamos levemente y sin pensarlo ninguno, nos damos la vuelta y cada uno toma su camino.


¿Porque nadie dijo lo que nos seguíamos queriendo? ¿Porque nadie dio el paso definitivo? El miedo nos hizo perdernos de nuevo, a pesar de que los sentimientos estaban claros. Yo no tuve el valor de decirle "Te quiero" y ella no tuvo la valentía de volver a quererme. 

Atentamente
Un individuo más
El poeta sin pluma

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